Siempre se dice que es más difícil hacer reír que llorar y también que la comedia es un género, todavía, un poco menospreciado. Pero cuando necesitamos algo de aire para la mente, un momento de distensión, una bocanada de alegría aunque sea efímera, elegimos el humor. Los Bonobos representan ese momento en el que podemos encontrar una pequeña felicidad, recortada al final del día. Fugaz, pero felicidad al fin.

La obra, que se presenta en el Lola Membrives, es del francés Laurent Baffie (el mismo de Toc Toc), adaptada por Julián Quintanilla. La versión local tiene varios puntos clave que determinan su efectividad: un elenco que no le teme al ridículo y se apodera del escenario-, y la dirección conjunta de Alberto Negrín (también a cargo de la impresionante escenografía) y Gabriel Chamé Buendía, maestro de clown. La sinergia entre ambos completa una rompecabezas con todas sus piezas muy bien ajustadas.