Por David Smith, en Washington

Donald Trump quedó peligrosamente aislado el lunes, cuando algunos de sus aliados más leales se rebelaron contra su decisión de retirar las tropas norteamericanas del noreste de Siria.

El líder de la mayoría del senado Mitch McConnell condujo a un coro de republicanos que, habiendo defendido al presidente en casi todos los demás temas —incluyendo el impeachment— decidió marcar un límite a este respecto.

"Un retiro precipitado de las tropas norteamericanas de Siria sólo favorecería a Rusia, Irán y al régimen de Assad", dijo McConnell. "Y aumentaría el riesgo de que ISIS y otros grupos terroristas se recuperen".

Y agregó: “Como aprendimos duramente en la administración Obama, los intereses norteamericanos son defendidos mejor por los líderes norteamericanos, no emprendiendo la retirada”.

La crítica fue significativa porque McConnell intenta siempre no ir en contra de Trump, incluso en sus momentos más arbitrarios. La semana pasada el senador de Kentucky lanzó un video en Facebook en donde prometía frenar el curso del impeachment que lideraban los demócratas.

El primer artículo de la constitución de los Estados Unidos le da a la Cámara de Representantes el poder único de iniciar un impeachment y al Senado el poder único de intentar un impeachment del presidente.

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Un presidente puede ser destituido si se considera que es culpable de “traición, sobornos u otros graves crímenes o defectos de conducta” —aunque la constitución no especifica que significa “graves crímenes o defectos de conducta”.

El proceso empieza en la Cámara de Representantes, aprobando los artículos para la destitución. Una mayoría simple de miembros debe votar a favor de la destitución para que pase a la siguiente etapa. Los demócratas tienen el control de la Cámara, con 235 representantes.

El presidente de la corte suprema de justicia de los Estados Unidos luego supervisa los procedimientos del Senado, en donde el presidente es juzgado, mientras los senadores actúan como jurado. Para que el presidente sea considerado culpable, deben votar dos tercios de los senadores. Los republicanos tienen el control del Senado, con 53 de los 100 senadores.

Dos presidentes pasaron por un impeachment, Bill Clinton en 1998, y Andrew Johnson en 1968, aunque ninguno dejó su cargo como resultado del proceso. Richard Nixon renunció en 1974 antes de que se hiciera una votación formal para destituirlo.

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La inusual fractura republicana salió a la luz el domingo a la noche cuando, después de una conversación telefónica entre Trump y el presidente turco Recep Tayyip Erdogan, la Casa Blanca anunció el retiro de tropas en la zona fronteriza entre Siria y Turquía. “Dentro de poco Turquía avanzará con su muy planificada operación en el norte de Siria”, agregó.

Críticos de todos los sectores políticos temen desde hace tiempo que un movimiento semejante allane el camino a un golpe turco contra los combatientes kurdos en la zona. Los grupos kurdos han peleado junto a una pequeña presencia norteamericana en Siria para expulsar a los militantes de Estado Islámico de la región.

La represalia republicana

La represalia republicana fue rápida y potencialmente perturbadora para un presidente cuyo destino está atado al partido y a la suposición de que el partido lo ayude en el Senado si, como se espera, la Cámara de Representantes, controlada por los demócratas, vota el impeachment.

Lindsey Graham, presidente del comité judicial del Senado, que se ha vuelto un vivaz defensor (y frecuente compañero de golf) de Trump, no estuvo de su lado esta vez. Abandonar a los kurdos sería “el comienzo de un desastre”, dijo, “y una mancha en el honor norteamericano”.

Graham le dijo a Fox News: “Espero estar dejando en claro cuán miope e irresponsable es esta decisión. Me gusta el presidente Trump. He tratado de ayudarlo. Esto, para mí, es radicalmente perturbador”.

Graham escribió en Twitter que si el plan sigue adelante, presentará una resolución en el Senado oponiéndose y buscando revertir la decisión. Agregó: “Estableceremos sanciones bipartitas en contra de Turquía, sin invaden Siria, y pediremos su exclusión de la OTAN si atacan a las fuerzas kurdas que ayudaron a los Estados Unidos en la destrucción del Califato de ISIS”.

Kevin McCarthy, el republicano de mayor peso en la Cámara, cuyos intentos de defender la llamada telefónica de Trump al presidente de Ucrania han provocado numerosas burlas, dijo: “Si uno hace un compromiso y alguien está luchando a su lado, Estados Unidos debería mantener su palabra”.

Michael McCaul, de Texas, el líder republicano en el comité de asuntos exteriores de la Cámara, también le pidió al presidente que reconsiderara su postura. “Los Estados Unidos no deberían dar un paso al costado, permitiendo una operación turca en el noreste de Siria”, dijo.

“Esta maniobra socavaría nuestra campaña permanente de prevenir el resurgimiento de ISIS, y en última instancia constituiría una amenaza para nuestro país. Además, Estados Unidos debe seguir involucrado para prevenir más desastres en la región perpetrados por nuestros adversarios, como el régimen de Assad, Putin e Irán.”

De manera llamativa, el senador Marco Rubio, de Florida, quien no quiso criticar a Trump incluso cuando el presidente sugirió que China investigara a Joe Biden, ex vicepresidente y rival en las próximas elecciones del 2020, fue claro en su descripción de la retirada como “un grave error que tendrá consecuencias mucho más allá de Siria”.

Y Nikki Haley, el ex embajadora de Trump en Naciones Unidas, hizo una advertencia a Trump sin decir su nombre. “Siempre tenemos que cuidar las espaldas de nuestros aliados, si esperamos que ellos nos cuiden las espaldas a nosotros”, escribió en Twitter. “Los kurdos fueron una ayuda importante en nuestra pelea exitosa contra ISIS en Siria. Dejar que mueran allí es un grave error. #TurquíaNoEsNuestraAmiga”.

Fox News, también

De manera ominosa para Trump, hasta los conservadores de Fox News mostraron su disenso. El comunicador Brian Kilmeade describió la retirada como “un desastre”, diciéndole a los televidentes de Fox & Friends: “¿Abandonar a nuestros aliados? ¿Es una promesa de campaña? ¿Abandonar a la gente que destruyó el califato?” Los republicanos que han contradicho a Trump con anterioridad lo hicieron con fuerza en esta ocasión. El senador de Utah Mitt Rommey describió el anuncio de Trump como “una traición”, agregando: “significa que Estados Unidos es un aliado poco fiable: facilita el resurgimiento de ISIS, y presagia otro desastre humanitario”.

Romney y el senador demócrata Chris Murphy emitieron una declaración conjunta instando a la administración Trump a “explicar al pueblo norteamericano cómo traicionar a un aliado y cederle terreno a los terroristas y adversarios no es desastroso para los intereses de nuestra seguridad nacional”.

Los demócratas también se agruparon. Apenas hubo una sola voz de apoyo al presidente en el Capitolio. El senador republicano Rand Paul, desde hace tiempo contrario a la intervención extranjera, dijo: “hay tantos neoconservadores que quieren que estemos involucrados para siempre en guerras por todo Medio Oriente. (Trump) tiene toda la razón en terminar estas guerras y traer las tropas a casa”.

El propio Trump se mostró decidido ante las repercusiones. Hablando en la Casa Blanca el lunes, dijo que siente un “gran respeto” por sus prominentes críticos republicanos.

Y agregó: “la gente está extremadamente entusiasmada porque dice que es momento de traer a los nuestros a casa. No somos una fuerza policial. Están allí patrullando la zona. No somos una fuerza policial. Gran Bretaña estaba entusiasmada con la decisión… muchos están fuertemente de acuerdo con la postura”.

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