Sergio Lozano. La Vanguardia

A lo largo de los siglos, los conflictos bélicos han forjado una estirpe de armas cuya sola presencia nos traslada a épocas y formas de entender la guerra: los griegos invadieron Persia con las largas picas de las falanges, los romanos dominaron el mediterráneo cargando con el escudo rectangular y el pilum. Las guerras medievales se libraron con espadas y cimitarras que tuvieron nombre propio y simbolizaron las causas de quienes las empuñaban, mientras que en Waterloo fueron cañones y mosquetes los que tronaron para dibujar Europa. Un sangriento linaje al que los conflictos del siglo XX añadieron un nuevo miembro: el AK-47. De entre todas las armas blandidas en la era de las guerras mundiales, ninguna ha alcanzado la fama de este humilde y fiero fusil de asalto fabricado en la estepa rusa, ejemplo viviente de lo mucho que ha evolucionado la técnica del ser humano ,y lo poco que lo han hecho sus intenciones.