El Mercosur es una herramienta fundamental para el desarrollo regional, no solo de los cuatro países que lo integran, sino para todo el continente.

Para la Argentina, una prioridad estratégica. Hoy, mientras el país cifra sus inquietudes y expectativas en lo que ocurra el 27 de octubre en las urnas, está en juego la continuidad y la consolidación de esta alianza sub continental, que ya supera largamente las tres décadas y que aún no logra afianzarse como una alternativa regional competitiva dentro de un mundo global.

A pesar de que el fragor de la campaña obliga a los candidatos presidenciales a privilegiar la seducción del electorado, el mundo sigue su marcha y un estadista no puede sacar de su foco de atención los vínculos futuros del país con el resto de las naciones.

Argentina y Brasil se necesitan mutuamente, más allá de quién sea el presidente circunstancial. Frente a los cruces del presidente Jair Bolsonaro y el candidato Alberto Fernández, es necesario ratificar que no es la ideología la que debe regir las alianzas, sino la visión del mundo y los intereses, tanto los regionales como los de cada país.

Es un mundo globalizado. No solo la economía y la tecnología, sino también las comunicaciones, la cultura, las expectativas y las ideologías se comparten cada vez más en el planeta. Y al mismo tiempo que proliferan conductas reaccionarias "antiglobalización", muchas naciones logran desembarazarse de viejos lastres políticos y avanzar hacia el desarrollo.

En ese contexto, la dirigencia política que aspire a aceptar las ventajas de la integración internacional y, al mismo tiempo, definir con claridad los intereses del país, y defenderlos con energía, deberá establecer su posición frente al Mercosur.

Esta alianza, con sus fortalezas y sus debilidades, hoy se encuentra en jaque. El mismo gobierno de Bolsonaro relativizó en varias ocasiones su importancia y subordinó la permanencia de su país a la ideología de los ocasionales gobiernos de sus socios.

Brasil, con el 74% del PBI regional, y Argentina, son los socios con mayor peso económico en lo que hasta ahora es un incipiente mercado común, pero que tramita un acuerdo comercial de alta escala con la Comunidad Europea.

Este tipo de tratados genera expectativas y resquemores. Brasil aspira a aprovechar la eliminación de tarifas para incrementar en 100.000 millones de dólares sus exportaciones a Europa en pocos años. Incluso, pretende hacer una cláusula de reserva para ampliar en forma individual los alcances del acuerdo y, al igual que la Argentina, aspira a llegar a un acuerdo bilateral de libre comercio con Estados Unidos.

Para nuestro país, Brasil es un socio estratégico; no obstante, la volatilidad política argentina ha puesto trabas en estos años a la integración plena. Ambas naciones vienen reconstruyendo sus democracias desde los "80, aunque con puntos de partida muy diferentes. Ninguno de los dos países es una superpotencia industrial, pero nuestro vecino ha logrado avances formidables en inversiones tecnológicas y en la producción de manufacturas, al mismo tiempo que, desde 1978, pasó de ser un importador de alimentos a convertirse en líder de mercados como el de la carne, donde desplazó a nuestro agro.

Existen asimetrías de Brasil con la Argentina, como la diferencia de tamaño físico y económico, la participación en los mercados, los patrones de especialización y ciertas brechas institucionales y de recursos en la organización y las políticas públicas. Ninguno de los dos atraviesa momentos de bonanza, pero tienen serias posibilidades de posicionarse mejor en el mundo y mejorar la calidad de vida de sus pueblos.

El mundo global presenta resistencias y el rechazo de Francia e Irlanda al acuerdo de Europa con el Mercosur demuestra que ganar mercados es tan arduo como imprescindible. Por eso, los gobiernos del Mercosur, y los de Argentina y Brasil en particular, necesitan sostener un espacio de acuerdo, que deje afuera diferencias secundarias, discrepancias ideológicas y simpatías personales, y tratar de avanzar con firmeza hacia la modernización y el crecimiento.