Los grandes robos a bancos generan una curiosidad en la sociedad que, muchas veces, roza la admiración. El límite, por supuesto, es la existencia de heridos o muertos. Es que no se trata aplaudir el delito -frente al cual existe un consenso definitivamente negativo-, sino de la sorpresa ante las estrategias imposibles, las planificaciones milimétricas y los golpes de suerte, que logran vencer barreras de seguridad, cámaras y cercamientos.

No por casualidad, las historias de ladrones abundan en la literatura universal -desde Edgar Allan Poe a Roberto Arlt-, y alimentan series y películas taquilleras. "La casa de papel" (2017), "Un golpe con estilo" (2017) o la más reciente "Estafadoras de Wall Street" (2019) constituyen un ejemplo claro. Estas tres producciones tienen un aditamento: sus protagonistas atacan a quienes ellos y ellas consideran “estafadores”.