Con soldados mexicanos vigilando, una madre y sus dos hijos fueron enterrados este jueves en unos ataúdes tallados a mano en el primer funeral para las víctimas de la masacre efectuada por sicarios del narcotráfico contra nueve mujeres y niños estadounidenses.

Vestidos con camisas, trajes o vestidos modestos, alrededor de 500 dolientes se unieron en la pena bajo unas carpas colocadas en La Mora, una comunidad de unos 300 habitantes que se dicen "mormones" pero no están afiliados a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Algunos lloraban y otros entonaban cantos.