El arrepentido remisero Oscar Centeno sostuvo que hubo un grupo organizado para “desvalijar las arcas del país” desde “el cargo que ejercían como funcio­narios de la Nación”, en el manuscrito entregado en la causa por los cuadernos de la corrupción. “Quiero decir, señor juez, que me siento orgulloso de haber enfren­tado el riesgo de seguir es­cribiendo hasta el final de la gestión kirchnerista”, afirmó el que fuera chofer del ex funcionario Roberto Baratta, en un tramo de las diez páginas escritas a mano que hizo llegar al juzgado de Bonadío. El contenido de la misiva fue revelado por el diario La Nación, luego de que el defensor de Centeno, Gustavo Kollman, la recibió y la entregó en los tribuna­les federales de Retiro a Bo­nadío y al fiscal Stornelli. s

El ex contador de la fami­lia Kirchner, Víctor Manza­nares, reveló el domingo que quien fuera secretario del ex presidente Néstor Kirchner, Daniel Muñoz, le respondió una vez que “acá nadie roba nada, es la comisión que se le cobra a la patria por hacer las cosas bien”.

Manzanares admitió que cometió delitos de corrup­ción y que sabía que Muñoz estaba robando dinero del Estado, al tiempo que contó un diálogo que había man­tenido con él.

“Empecé a darme cuenta de que era como un barril sin fondo. Le pregunté a Daniel: ¿Para qué robar tan­to si ya tenés el bronce por conducir los destinos de la patria? El me respondió: No, no, acá nadie robó nada. Esto es la comisión que se le cobra a la patria por ha­cer las cosas bien. Una co­misión que se le cobraba al pueblo por hacer las cosas bien, por eliminar la deuda externa”, detalló.

En declaraciones al canal América, el ex contador sos­tuvo que se transformó en arrepentido porque se sintió “abandonado, ninguneado y desprotegido” por “la fa­milia Kirchner como por la familia Muñoz”, y porque su hijo de 16 años le pidió que diga lo que supiera para que lo dejen salir de la cár­cel. Manzanares reveló que pensó en suicidarse toman­do pastillas, y señaló: “Esa decisión tenía más que ver con llevarme los secretos a la tumba y no aceptar una condena en donde no soy culpable”.

Sin embargo, después cambió de parecer: “No tengo porqué guardar­me los secretos de otros, cuando no tuvieron la gentileza de ayudarme o venir a visitarme aunque sea”.

“La plata de Muñoz pro­cedía de lo que él retiraba de estas remesas que llegaban a Río Gallegos, que venían en el Tango 01 y en un avión privado que estacionaba cerca de un hangar”, indicó. Explicó que le había dicho que “era la comisión por las cosas que hacía”, y que cada vez que llegaba a Buenos Ai­res proveniente del sur traía valijas, y “se sentaba en el auto, llamaba por teléfono y avisaba que terminaba la tarea”.

Asimismo, sostuvo que el llamado sería al mandante, pero nunca escuchó que lo nombrara o que dijera algu­na palabra que le significara que estaba “hablando con quien pensaba que estaba hablando”.

De todas maneras, admi­tió que Muñoz actuaba por “el mandato de Néstor”, y añadió: “Una vez me invita­ron a viajar en el Tango 01”.

“Yo venía en la primera fila, que daba directamente a la pared del cuarto presi­dencial. Adelante mío te­nía una valija enorme bien grande. Realmente me inco­modaba, por las piernas. Yo soy alto, soy largo de pier­nas. Años después me cayó un poco la ficha de qué sería esa valija ahí. Recuerdo que después vino Néstor a salu­darme. Él debe haber pen­sado: Si supiera Alejandro lo que hay ahí”, recordó.s