Víctor Díaz (69) no recuerda con precisión los hechos de un pasado reciente y doloroso. Todavía padece algunas secuelas del hantavirus. Lagunas, pensamientos desordenados, mareos pasajeros. “Pero ya estoy bien, a los seis meses del alta volví a trabajar al campo, a la sierra y cortar leña”, detalla.

Díaz asegura que después del hanta vino algo que lo perturbó profundamente: el estigma de haber sido señalado como el Paciente Cero. “Yo no sé si eso es verdad, no creo, no puedo creer que no contagié a mi nieta (Iara Silva) que venía a darme un beso o abrazarme en la fiesta y a otros que estaban lejos sí”, indica.