Los argentinos consideramos, como si fuera un hecho, que los dólares estadounidenses son un refugio de valor y estamos acostumbrados a atesorar nuestros ahorros en esa moneda. Este mecanismo funciona casi automáticamente y es por esto que somos muy sensibles a los cambios de su cotización y a su intervención por parte de la autoridad de control, sobre todo en épocas de crisis o incertidumbre económica.
Resulta interesante hacer un análisis numérico y en el tiempo a efectos de determinar qué tan resguardo de valor resultan los billetes atesorados y su comparación con la inversión en propiedades, entendiendo a esta última como un competitivo directo en término de similitud de atributos, sobre todo en cuanto a la seguridad que ambos representan.
La evolución de los inmuebles en los últimos 40 años indica que su valor siempre ha aumentado y de manera exponencial, atravesando solo por dos períodos de bajas significativas, en 1982 (guerra de Malvinas) y en 2002 (crisis económica - institucional 2001).
Entonces, tomando como referencia unidades tipo céntricas, en los últimos 20 años el precio de los inmuebles subió un 160% en dólares. En cambio, en el mismo período, el que compró dólares mantuvo el valor nominal del billete y su inversión constante, ellos sin contar la pérdida del valor adquisitivo del dólar en el tiempo.
Concretamente, más allá de los vaivenes en el corto plazo, en los últimos 20 años, en la referencia, los activos en inmuebles se han apreciado a razón de un 8% anual, referencialmente en dólares.
Sumado a ello, para quien se atreva, es oportuno analizar la coyuntura, ya que el dólar actual se encuentra alto generando un buen escenario de inversión por la baja del costo de la construcción. Hoy, los inversores consiguen hasta un 25% de descuento en operaciones puntuales, lo cual hace atractivo al sector nuevamente, para anclar ahorros sin volatilidad, obtener una renta que vuelve a ser interesante por la baja del precio de inversión inicial y permitir, además, una apreciación del activo inmobiliario.