Por Michael Schwirtz

Primero hubo una campaña de desestabilización en Moldavia, seguida por el envenenamiento de un comerciante de armas de Bulgaria y más tarde un golpe frustrado en Montenegro. El año pasado, hubo un intento de asesinar a un ex espía ruso en Gran Bretaña usando un agente nervioso. Aunque estas operaciones llevaban las huellas dactilares de los servicios de inteligencia de Rusia, las autoridades en un principio las consideraron ataques aislados y no relacionados.

Ahora los funcionarios de seguridad occidentales han llegado a la conclusión de que esas operaciones, y potencialmente muchas otras, son parte de una campaña coordinada y en marcha para desestabilizar a Europa, ejecutada por una unidad de elite del sistema ruso de inteligencia hábil en la subversión, el sabotaje y los asesinatos.

El grupo, conocido como Unidad 29155, opera desde hace como mínimo una década, pero los funcionarios occidentales sólo la han descubierto recientemente. Los funcionarios de inteligencia de cuatro países occidentales dicen que no está claro con cuánta frecuencia se moviliza la unidad y advierten que es imposible saber cuándo y dónde atacarán sus agentes.

El propósito de la Unidad 29155, de la que anteriormente no se había informado, pone de relieve la medida en que el presidente de Rusia, Vladimir V. Putin, combate activamente a Occidente con su particular tipo de “guerra híbrida” –una combinación de propaganda, piratería informática y desinformación- así como con un enfrentamiento militar abierto.

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“Creo que habíamos olvidado lo orgánicamente despiadados que pueden ser los rusos”, dijo Peter Zwack, oficial de inteligencia militar retirado y ex agregado de defensa de la Embajada de los Estados Unidos en Moscú, quien dijo no conocer la existencia de la unidad.

En un mensaje de texto, Dmitri S. Peskov, portavoz de Putin, remitió las preguntas sobre la unidad al Ministerio de Defensa ruso. El ministerio no respondió los pedidos de declaraciones.

Oculta en una fortaleza en Moscú

Oculta tras los muros de hormigón del cuartel general del 161°Centro de Adiestramiento de Especialistas para Propósitos Especiales del este de Moscú, la unidad está ubicada dentro de la jerarquía de comando del organismo ruso de inteligencia militar, conocido como G.R.U.

Si bien gran parte de las operaciones del G.R.U. sigue siendo un misterio, los organismos occidentales de inteligencia han empezado a tener una visión más clara de su arquitectura. Funcionarios estadounidenses dicen que, en los meses que precedieron a la elección presidencial de 2016, dos ciberunidades del G.R.U., conocidas como 26165 y 74455, hackearon los servidores del Comité Nacional Demócrata y del equipo de campaña de Clinton y luego publicaron comunicaciones internas embarazosas.

El año pasado, Robert S. Mueller III, fiscal especial que dirigía la investigación sobre la interferencia rusa en las elecciones de 2016, procesó a más de una docena de oficiales de esas unidades, aunque ninguno aún ha sido detenido. Los equipos de piratería informática en general operan desde Moscú, a miles de kilómetros de sus blancos.

En cambio, los oficiales de la Unidad 29155 viajan a los países europeos. Algunos son veteranos condecorados de las guerras más sangrientas de Rusia, entre ellas las de Afganistán, Chechenia y Ucrania. Sus operaciones son tan secretas, según las evaluaciones de los servicios de inteligencia occidentales, que la existencia de la unidad muy probablemente sea desconocida incluso para otros agentes del G.R.U.

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La unidad parece ser una comunidad muy unida. Una fotografía tomada en 2017 muestra al comandante de la unidad, el general de división Andrei V. Averyanov, en el casamiento de su hija vistiendo un traje gris y una corbata de moño. Posa junto al coronel Anatoly V. Chepiga, uno de los dos oficiales procesados en Gran Bretaña por el envenenamiento de un ex espía, Sergei V. Skripal.

“Esta es una unidad del G.R.U. que ha estado activa a lo largo de los años en toda Europa”, dijo un funcionario europeo de inteligencia que habló a condición de que no se revelara su nombre por tratarse de asuntos de inteligencia confidenciales. “Es una sorpresa que los rusos, el G.R.U., esta unidad, se hayan sentido en libertad para desarrollar esta actividad maligna extrema en países amigos. Ha sido un shock”.

En diversos grados, cada una de las cuatro operaciones vinculadas a la unidad atrajo la atención pública, aun cuando las autoridades tardaron en confirmar que estaban relacionadas. Los organismos occidentales de inteligencia identificaron a la unidad por primera vez después del golpe de Estado fallido de 2016 en Montenegro, que comprendía el plan de dos oficiales de la unidad de asesinar al primer ministro del país y tomar el edificio del Parlamento.

El caso Skripal

Pero los funcionarios comenzaron a comprender cuál era específicamente la agenda de disrupción de la unidad sólo después del envenenamiento, en marzo de 2018, de Skripal, un ex oficial del G.R.U. que había traicionado a Rusia al espiar para los británicos. Skripal y su hija Yulia enfermaron gravemente después de estar expuestos a un agente nervioso sumamente tóxico, pero sobrevivieron.

(Otras tres personas se vieron afectadas, entre ellas un oficial de policía y un hombre que encontró un pequeño frasco, que según creen los funcionarios británicos se usó para contener el agente nervioso, y se lo dio a su novia. La chica, Dawn Sturgess, murió después de rociarse la piel con el agente nervioso al tomar el frasco por perfume.) El envenenamiento llevó a un enfrentamiento geopolítico por el cual más de 20 países, entre ellos Estados Unidos, expulsaron a 150 diplomáticos rusos en solidaridad con Gran Bretaña.

Finalmente, las autoridades británicas expusieron a dos sospechosos que habían viajado con nombres falsos pero que más tarde fueron identificados por el sitio de investigación Bellingcat como el coronel Chepiga y Alexander Mishkin. Seis meses después del envenenamiento, fiscales británicos acusaron a ambos de transportar el agente nervioso a la casa de Skripal en Salisbury, Inglaterra, y rociarlo sobre la puerta de entrada.

Los dos hombres señalados por el Reino Unido como sospechosos del envenenamiento del exespía ruso Serguéi Skripal y de su hija Yulia./ EFE

Los dos hombres señalados por el Reino Unido como sospechosos del envenenamiento del exespía ruso Serguéi Skripal y de su hija Yulia./ EFE

Pero la operación era más compleja de lo que los funcionarios revelaron en ese momento.

Exactamente un año antes del envenenamiento, tres agentes de la Unidad 29155 viajaron a Gran Bretaña, posiblemente para realizar una práctica, dijeron dos funcionarios europeos. Uno era Mishkin. Un segundo hombre usó el alias de Sergei Pavlov. Los funcionarios de inteligencia piensan que el tercer agente, que usó el alias de Sergei Fedotov, supervisó la misión.

Los funcionarios pronto determinaron que dos de estos oficiales –los que usaban los nombres de Fedotov y Pavlov- habían sido parte de un equipo que había intentado envenenar al comerciante búlgaro de armas Emilian Gebrev en 2015. (Los otros agentes, también conocidos por sus alias, según funcionarios de inteligencia europeos, eran Ivan Lebedev, Nikolai Kononikhin, Alexey Nikitin y Danil Stepanov.) El equipo trataría dos veces de matar a Gebrev, una vez en Sofía, la capital, y nuevamente un mes más tarde en su casa del mar Negro.

En febrero, en la Conferencia de Seguridad de Múnich, Alex Younger, jefe del MI6, el servicio británico de inteligencia exterior, habló ante los periodistas contra la creciente amenaza rusa e insinuó que había habido coordinación, sin mencionar a una unidad específica.

“Se puede ver que hay un programa coordinado de actividad… y, sí, a menudo involucra a las mismas personas”, dijo Younger, señalando específicamente el envenenamiento de Skripal y el intento de golpe en Montenegro. Luego agregó: “Evaluamos que hay una amenaza permanente del G.R.U. y los demás servicios de inteligencia rusos y que muy pocas cosas les están vedadas”.

El Kremlin considera que Rusia está en guerra con un orden occidental liberal al que ve como una amenaza a su existencia.

En una ceremonia celebrada en noviembre en el centenario del G.R.U., Putin se ubicó bajo un brillante telón de fondo con el logo del organismo –un clavel rojo y una granada en explosión- y lo calificó de “legendario”.

Putin, que fue oficial de inteligencia, trazó una línea directa entre los espías del Ejército Rojo que ayudaron a derrotar a los nazis en la II Guerra Mundial y los oficiales del G.R.U., cuyas “aptitudes únicas” ahora se utilizan contra un tipo distinto de enemigo.

“Lamentablemente, el potencial de conflicto está en aumento en el mundo”, declaró Putin durante la ceremonia. “Se están utilizando provocaciones y mentiras totales y se están realizando intentos de afectar la paridad estratégica”.

En 2006, Putin aprobó una ley que legalizaba los asesinatos puntuales en el extranjero, el mismo año en que un equipo de asesinos rusos utilizó un isótopo radiactivo para matar a Aleksander V. Litvinenko, otro ex espía ruso, en Londres.

La Unidad 29155 no es el único grupo autorizado a llevar a cabo ese tipo de operaciones, dijeron los funcionarios. Las autoridades británicas han atribuido el asesinato de Litvinenko al Servicio Federal de Seguridad, el organismo de inteligencia que antes dirigió Putin y a menudo compite con el G.R.U.

Aunque se sabe poco de la Unidad 29155 en sí, en los registros públicos rusos hay pistas que indican la existencia de vínculos con la estrategia híbrida general del Kremlin.

Una directiva de 2012 del Ministerio de Defensa de Rusia asignaba bonificaciones a tres unidades por “logros especiales en el servicio militar”. Una era la Unidad 29155. Otra era la Unidad 74455, que participó en la interferencia en las elecciones de 2016. La tercera era la Unidad 99450, cuyos oficiales habrían estado involucrados en la anexión de la Península de Crimea en 2014.

Un oficial retirado del G.R.U. con conocimiento de la Unidad 29155 dijo que esta se especializaba en prepararse para misiones “de distracción”, “en grupos o individualmente: atentados con bombas, asesinatos, cualquier cosa”.

“Eran tipos importantes los que prestaban servicio allí”, dijo el oficial retirado. “Eran oficiales que trabajaban encubiertos y como agentes internacionales”.

Las fotografías del antiguo cuartel general en ruinas de la unidad, que desde entonces ha sido abandonado, muestran infinidad de estanterías para armas con etiquetas de un variado surtido de ellas, como fusiles de francotiradores belgas FN-30, fusiles alemanes G3A3, fusiles de asalto austríacos Steyr AUG y rifles estadounidenses M16. También había un formulario que describía un régimen de adiestramiento que incluía ejercicios para el combate cuerpo a cuerpo. El oficial retirado del G.R.U. confirmó la autenticidad de las fotografías, que fueron publicadas por un bloguero ruso.

El actual comandante, el general Averyanov, se graduó en 1988 en la Academia Militar de Tashkent en lo que entonces era la República Soviética de Uzbekistán. Es probable que haya combatido tanto en la primera como en la segunda guerra chechena, y recibió la medalla de Héroe de Rusia, la condecoración más alta del país, en enero de 2015. Los dos oficiales encargados del envenenamiento de Skripal también recibieron esa condecoración.

Presupuesto limitado

Si bien es una fuerza de elite, la unidad al parecer opera con un ajustado presupuesto. De acuerdo con los registros rusos, el general Averyanov vive en un edificio deteriorado de la era soviética a unas pocas cuadras del cuartel general de la unidad y conduce un VAZ 21053 del año 1996, un sedán destartalado de fabricación rusa.

Los agentes a menudo comparten alojamientos baratos para economizar cuando están fuera de su país. Los investigadores británicos dicen que los sospechosos del envenenamiento de Skripal se alojaron en un hotel barato de Bow, un barrio venido a menos del este de Londres.

Pero los funcionarios de seguridad europeos también están perplejos ante la evidente desprolijidad de las operaciones de la unidad. Skripal sobrevivió al intento de asesinato, como también Gebrev, el comerciante de armas búlgaro. El intento de golpe de Estado en Montenegro atrajo enorme atención, pero finalmente fracasó. Un año después, Montenegro se incorporó a la OTAN. Es posible, dicen los funcionarios de seguridad, que aún no hayan descubierto otras operaciones más exitosas.

Es difícil saber si las desprolijidades han molestado al Kremlin. Quizá, dicen los expertos en inteligencia, ese sea parte de su sentido.

“Ese tipo de operación de inteligencia se ha vuelto parte de la guerra psicológica”, señaló Eerik-Niiles Kross, ex jefe de inteligencia de Estonia. “No es que se hayan vuelto mucho más agresivos. Quieren que se los sienta. Es parte del juego”.

Traducción: Elisa Carnelli