El mercado venía golpeado. Pero la interminable pulseada del gobernador bonaerense Axel Kicillof y la seguidilla del canje frustrado, la licitación desierta y el reperfilamiento del ministro de Economía, Martín Guzmán, fueron demasiado. Con poco resto y ansioso por definiciones, el mercado se aferró a la idea de que el discurso de Guzmán ante el Congreso el miércoles aportaría claridad. Quizás hasta un plan integral. Pero lo que leyó fue algo completamente distinto, que terminó empeorando la indigestión.

Lo que interpretraron fue un equilibrio fiscal que se dilataría en el tiempo mucho más de lo esperado y que supone como reverso un tratamiento nada amistoso de los acreedores. Así, la plaza quedó teñida de rojo y decepción.