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En el ingreso al predio del complejo ferroviario de Alta Córdoba, Natalia Sajama prepara tres veces por semana un pequeño salón colindante a su casa para recibir a cerca de 70 chicos que asisten a tomar la copa de leche. Lunes, miércoles y viernes son los días pautados para que madres “solas” lleven a sus hijos e hijas a compartir la merienda, y a participar de los talleres de apoyo escolar que se brindan finalizada la hora del té.

El ‘Rinconcito de Luz’ de ese barrio de la Capital cordobesa abrió sus puertas un 15 de junio del 2001 y desde ese entonces lucha por mantenerse en pie. “Desde hace 18 años llevamos adelante esta tarea que surgió como una necesidad por una crisis similar a la actual. Sin embargo, hoy nos vemos cada día más desbordados”, relata Natalia en diálogo con La Nueva Mañana.

Uno de cada tres habitantes del Gran Córdoba es pobre

Esta realidad es reflejo de lo que ocurre en tantos otros comedores y copas de leches que día a día buscan paliar el hambre frente a los números alarmantes de la pobreza y la indigencia. Sólo el último ‘Monitoreo de las condiciones de vida en el Gran Córdoba’, elaborado por la Dirección de Estadísticas y Censos de la Provincia, señala que uno de cada tres habitantes de este conglomerado de 16 localidades es pobre. Los datos corresponden al segundo semestre del 2018, por lo que ni siquiera se muestran los efectos de la inflación del 1° trimestre de 2019. En tanto, la medición de indigencia se ubicó en el 6,8%, lo que representa a más de 110 mil personas.

En ese marco, la coordinadora de la “copa” de calle Lavalleja sostiene que “se siente muchísimo” el constante incremento de los precios. “La ayuda es cada vez menos. Antes solíamos tener reservas de leche con lo que nos donaban y este año, por ejemplo, no teníamos para arrancar. Ahora nos manejamos con lo justo y necesario”, afirma.

Junto a su familia realiza trabajos informales para sostener su economía y preservar además la superviviencia del espacio. También, con el respaldo de madres de la zona, dirige diversas actividades que van desde la elaboración y venta de pan, hasta la promoción de rifas y eventos que les permiten recaudar lo indispensable.

En lista de espera para comer

Actualmente, el espacio tiene varios niños en lista de espera. Un listado que crece cada semana. Tal es así que en las últimos tiempos una vecina cedió una de las habitaciones de su vivienda para dar respuesta a la demanda edilicia.

La gravísima situación se llevó en 2018 parte del sueño que Natalia inició con tan solo 27 años. “Hasta el año pasado, disponíamos de un comedor donde se brindaba la cena. Fue difícil sostenerlo por los costos de la carne y las verduras. No alcanzaba y tuvimos que cerrarlo”, comenta con tristeza.

Miguel Charras atraviesa una realidad similar en el comedor “Sonrisa de Ángel” de Villa La Tela, donde chicos y chicas de todas las edades se acercan antes de la puesta del sol a las instalaciones construidas por carreros del sector. En tan solo unos meses, el número de asistentes pasó de 70 a cerca de 100 niños. Y el número sigue en alza.

Resalta que “la crisis es una situación insostenible”. “Acá vienen hijos de personas con y sin trabajo. Eso muestra que todos la estamos pasando mal y ya no alcanza ni para comer”, agrega Miguel.

Rinconcito de Luz  - Copa de leche
“Desde hace 18 años llevamos adelante esta tarea que surgió como una necesidad por una crisis similar a la actual", relata Natalia Sajama. Foto: gentileza Copa de leche Rinconcito de Luz.

“Lo que tenemos ya no alcanza”

La merienda y la cena se brinda cuatro días de lunes a viernes, de forma alternada. Sin embargo, los niños de la zona realizan una peregrinación de algunas cuadras hasta llegar a la comunidad de San Roque, donde reciben un plato de comida los fines de semana. “Acá tendrían que tener comida todos los días, pero es tanta la demanda que lo poco que tenemos no alcanza”, asegura con angustia.

Una huerta comunitaria, un criadero de gallinas ponedoras y proyectos a futuro sirven de puntal para el esfuerzo que un grupo de personas de Villa La Tela lleva adelante. “Los comedores no deberían existir. Pero si eso fuera así, hoy la gente moriría de hambre”, sentencia.

“Estamos paliando el hambre, con un palillo y una olla”

Natalia y Miguel expresan que la asistencia que se envía desde el Estado provincial no es “suficiente” y tampoco “permanente”. Asimismo, destacan el papel que juegan distintas organizaciones sociales como soporte.

En ese sentido, Silvia Quevedo, integrante de Barrios de Pie, recalca también la importancia del trabajo de instituciones de la sociedad civil que colaboran para evitar el cierre de merenderos y centros comunitarios en un contexto que define como de “emergencia alimentaria”.

“La situación es grave. Nosotros sostenemos casi 50 centros comunitarios en la Capital que son casas, habitaciones o garajes que se ponen a disposición para compartir un mate con quien no tiene para comer. En el último tiempo, nos vimos en la necesidad de tener que incorporar ollas populares. La demanda creció y ahora familias completas acuden a estos centros”, manifiesta una de las representantes cordobesas del movimiento social nacional.

La dirigente denota a su vez que esta situación “pone un signo de alerta sobre la cruda realidad que se vive” y deja entrever cómo se trabaja para resolver el día a día: “Estamos paliando el hambre, con un palillo y una olla que llenamos con lo que podemos. Cada aumento impacta en nuestras realidades”.

Silvia sostiene que es una muestra insensibilidad extrema que el Estado nacional evite declarar la emergencia alimentaria en todo el país: “Nos angustia y duele. Solicitamos la emergencia porque es desesperante ver que hay mamás que no tienen para darle de comer a sus bebés”, añade en declaraciones a este diario.

En términos de impacto social, la representante de Barrios de Pie indica que un niño que no come es “un niño que en el futuro atravesará complicaciones para poder insertarse en los ámbitos de la educación y el trabajo”.

Por eso, reconoce que es necesario seguir trabajando desde el corazón de los barrios para promover la apertura de más espacios de acompañamiento y evitar su cierre. “Hay personas que se animan a no pensarse individualmente, y se reconocen desde lo colectivo. Creo que esa puede ser una salida viable hacia una vida digna, la solución para la reconstrucción del tejido social”, completa.

Contactos para realizar colaboraciones

  • Copa de leche “Rinconcito de Luz”. Tel.: 351-5559297 (Natalia).
  • Merendero y comedor “Sonrisa de Ángel”. Tel.: 351-3229191 (Miguel).
  • Barrios de Pie Córdoba. Tel.: 351-7322666 (Silvia).

 

 

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