Mónica Moya y Cecilia Gramajo representan la lista “Martínez Borelli” y sueñan con llegar al rectorado de la Universidad Nacional de Salta (UNSa) para devolverle a la casa estudios un poquito de lo que ellas recibieron en las últimas tres décadas. En diálogo con El Tribuno, la profesora Moya dijo que en caso de triunfar lo primero que haría sería “replantear los porcentajes nuevos (del presupuesto universitario) y los reglamentos de becas de estudio y comedor, y los de proyectos de investigación”.
Sucede que las becas -de la UNSa- se entregan a partir de segundo año, quedando el primero sin cobertura. La candidata que apunta a trabajar en consenso y a planificar de forma estratégica consiguió meterse en la segunda vuelta con 1.718 votos, que se traducen en 26,56 votos ponderados. Con estos resultados, 1.828 votos que equivalen al 14,06 por ciento de votos ponderados, la separan de Víctor Claros, el más votado el miércoles pasado. Sin embargo, Moya apuesta a volver a sorprender en las urnas este viernes.

¿Qué lectura realiza del resultado de las elecciones en la primera vuelta? 
Fueron muy auspiciosos, concretamos la primera meta de posicionarnos en la segunda vuelta con muy poco tiempo de campaña. En las tres facultades en las que somos conocidas hemos ganado cómodamente: Exactas, Naturales y Humanidades. Incluso en las tres sedes nos fue bien. En estas facultades también hemos logrado los consejos de profesores, auxiliares, en algunos casos de estudiantes y graduados. ¿Cómo se prepara para la segunda vuelta?
La prioridad es llegar a la mayor cantidad de compañeros y de estudiantes posibles a través de propuestas concretas. Por ejemplo, queremos desarrollar un programa de salud estratégico integral para los estudiantes totalmente gratuito, crear la secretaría de asuntos estudiantiles y solicitar una secretaría académica para potenciar la carrera del estudiante. A través de una fuerte gestión a nivel nacional, provincial y municipal, lograr aumentar el presupuesto para consolidar carreras nuevas (como Medicina) y fortificar las tradicionales.

¿Cómo trabajaría para bajar la deserción en la UNSa?
Es fundamental el acompañamiento del estudiante. Tendríamos dos secretarías, las de Asuntos Estudiantiles y la Académica. En la primera, coordinaríamos tutorías, becas, comedor universitario, que hacen al bienestar del estudiante, resolviendo así la cuestión socioeconómica, que es una variable importante en el contexto provincial y nacional. Por otro lado, la secretaría Académica tiene que eficientizar el cursado de los estudiantes, acompañando con capacitación docente continua, actualización de planes de estudio, nuevas estrategias de enseñanza, lo que habilita no solo las presenciales sino también las semipresenciales y a distancia. Todo esto coordinado en un plan estratégico. 

¿Abriría nuevas carreras o cerraría alguna?
La Universidad Nacional de Salta no cierra carreras, no las va a cerrar. Nosotros hablamos de consolidar carreras, de ocuparnos porque fueron creadas en su mayoría de una manera muy precaria, solo con cargos docentes con dedicaciones simples, eso significan 10 horas semanales. Al consolidarlas tenemos que gestionar presupuesto necesario para aumentar las dedicaciones a semiexclusivas, a 20 horas semanales, y a exclusivas, 40 horas semanales. No podemos asegurar educación de calidad si un docente va a dar clases en las sedes solo una vez por semana.
En Cafayate hay tecnicaturas, esas las podemos llevar a carreras de grado porque están las bases. Por el otro, poner a mitad de camino de las carreras de grado, tecnicaturas o títulos de pregrado, también es un proyecto a gestionar. Es una gran necesidad porque muchos estudiantes por cuestiones económicas familiares quedan a mitad de camino y sin un título.

¿Cuál sería su primera medida si asumiera como rectora?
Convocar a las sedes para consolidar las carreras nuevas -como comentaba- con deficiencias en cargos docentes, infraestructura y equipamiento. Hay que generar un plan de acción concreto para resolver esta situación. Es una gran demanda de los estudiantes, que sienten que la universidad los está descuidando, dejando un vacío. En Orán, Tartagal, Santa Victoria Este, Metán, Cafayate, es muy grande la precarización y así no podemos garantizar la calidad de la formación. 

¿Cómo cree que se administró el presupuesto de la UNSa en los últimos años? Concretamente, ¿qué cosa replantería?
Todos los años quedan por ejemplo becas sin usarse, un 20 por ciento, eso significa que falló la comunicación o fuimos muy estrictos en la reglamentación o no hemos sido eficientes en el presupuesto. Las becas se entregan a partir de segundo año, quedando todo el primer año sin cubrir, que es cuando más necesitan los estudiantes, por ejemplo, contar con el comedor, y que les asegure su estadía en la universidad. Actualmente, de entrada la universidad no los protege y terminamos teniendo estrategias expulsivas. Antes el comedor estaba unificado, ahora se da una sola tanda de comida, cuando se podría poner una banda horaria donde se den varias veces las comidas, de manera de asegurar distintos turnos que puedan acceder al beneficio. Del presupuesto, más del 90 por ciento se va en sueldos, nos queda una porción muy pequeña, que es la que se reparte en “fondos de funcionamiento”, y ahí va becas, investigación. Yo replantearía en función del uso que se dio el año anterior, los porcentajes nuevos y los reglamentos, por ejemplo de becas, y que se permita el acceso a investigadores jóvenes. Y poner un fondo específico para equipamiento porque están faltando materiales, herramientas. 

Del porcentaje que actualmente se destina (del presupuesto de funcionamiento) para becas de estudio y de comedor ¿qué parte destinaría usted para becas?
La idea es llegar alrededor de un 3 por ciento del presupuesto de fondos de funcionamiento, porque necesitamos poner prioridades y esto tiene que ver con la situación socioeconómica actual de la UNSa, inserta en una de las provincias más pobres del país. El presupuesto se va a discutir ahora en junio y posteriormente se tiene que evaluar. Estuve tres años como consejera superior y no tenemos los informes de la ejecución presupuestaria real de los valores destinados el año anterior. Nos dicen hay tanta plata, pero no nos dicen de dónde proviene, no pudimos acceder a esa transparencia. 
Justamente, otro de los ejes que queremos trabajar es la transparencia en la gestión, que estos valores permanentemente estén subidos en la página para que toda la comunidad universitaria pueda acceder a los datos del uso del presupuesto y todas las discusiones que se den en el Consejo Superior. Así toda la comunidad este al tanto de cuál es el debate en el Consejo y cuáles son las prioridades que llegan.

¿Rechazaría cualquier idea relacionada con arancelar la universidad?
Totalmente. Nosotros somos universidad pública, gratuita, irrestricta, igualitaria, democrática y nuestro modelo de universidad le da significado y sentido a esas palabras. Por eso nos llamamos la “Martínez Borelli”, porque partimos de la universidad pública, desde nuestras bases fundacionales, y son esas las palabras que queremos resignificar.

Ve viable el plan de salud que propone su oponente al rectorado?
No. Nosotros queremos una salud integral, de manera continua, donde la prevención es fundamental y para eso la UNSa tiene una facultad de Salud, con las carreras de Enfermería, Nutrición y Medicina. Totalmente en condiciones de realizar un plan integral de salud, aparte de eso tenemos un servicio de salud con profesionales que reciben a los estudiantes cada año, de manera que disponemos de la academia necesaria para desarrollar ese programa de manera gratuita. 
Hicimos un cálculo. Primero, son 200 pesos para recibir una atención solo de emergencia. Eso por ocho mil estudiantes por mes son 160 mil pesos y multiplicado por 10 meses da 1.600.000 pesos. Y eso sería solo para la gente -entre comillas- “pobre”.