La masificación turística se está convirtiendo en los últimos años en uno de los principales problemas de las ciudades europeas más atractivas. Administraciones locales de varias de esas urbes, como Barcelona o Venecia, buscan fórmulas para reducir la llegada de turistas. Amsterdam, utilizando uno de sus atractivos más famosos, parece haber encontrado una fórmula.

El Ayuntamiento de la ciudad holandesa, que recibe 15,4 turistas por habitante al año, encargó un informe cuyas conclusiones se podrían resumir alegando que si los extranjeros supieran que no iban a poder comprar cannabis con la facilidad con que lo hacen hoy día se reduciría hasta un tercio su número.