Qué miramos cuando miramos una serie retro: dos pantallas. La externa, la que nos devuelve el canal Volver -o Youtube, o la plataforma que sea- y la interna, el desfile de recuerdos propios, de quiénes éramos cuando mirábamos esa serie por primera vez. Algo se activa adentro, como un modo automático emocional, una caja escondida que nos devuelve al origen, a nuestras propias escenas y escenografías, a aquella casa, a aquella base, a lo fundacional, que ya no existe más que en nuestro zapping interior. Lo vintage nos pega porque nos reconstruye, nos rebobina, nos resucita en nuestra versión primera y más pura

¡Grande, pá! puede evocarse con apenas dos palabras, "las chancle". Nos lleva de viaje al principio de los noventa y al principio de Telefe, a las tandas publicitarias con Fido Dido, al Censo '91, a la aguja musical ecléctica que pasea desde Scorpions a Clericó con Cola. Desde entonces Arturo Puig, hoy abuelo, es el padre de media Argentina.