A la inversa de lo habitual, la Administración que lidera Juan Schiaretti ha dado muestras de que no sólo no buscará una tregua con Luz y Fuerza en tiempos previos a los comicios, sino que redoblará la intensidad de los ajustes sobre el sindicato.
El gobernador anunció en declaraciones a la prensa que los cordobeses no sufrirán nuevos aumentos en la tarifa eléctrica durante los próximos meses, pero lo cierto es que, después de un 2018 en los que la boleta subió casi mensualmente para compensar el aumento en el costo de los insumos y servicios que la empresa necesita para cumplir su prestación, en 2019 Epec esperaba contar –al menos- con una revisión trimestral de su tarifa para hacer frente a estos incrementos. No será el caso.
Después de que la Provincia fungiera como garante de un crédito millonario utilizado para regularizar la situación de Epec frente a Camesa (Compañía Administradora del Mercado Eléctrico S.A.) el año pasado, el Centro Cívico endureció su postura y ya no consentirá en asistir financieramente a la compañía estatal históricamente deficitaria.
El cuadro de situación que surge de esto es complejo por sus implicancias, pero no difícil de comprender. Epec deberá “flotar” los próximos meses sin aumentos en sus tarifas, sin asistencia provincial y –se supone- sin aumentar sus deudas frente a Camesa.
Mientras tanto, deberá afrontar el aumento de los insumos que necesita para operar y, más importante aún, hacer frente a los compromisos paritarios contraídos con los trabajadores afiliados al Sindicato Regional de Luz y Fuerza de Villa María, que representa a los empleados de la compañía estatal en todo el interior provincial (a excepción de Río Cuarto), a los que se les concedió un aumento escalonado del 23 por ciento.
Ahora bien, ¿cómo lo hará? La única alternativa con la que Epec parece contar para balancear sus cuentas es redoblar los ajustes que viene haciendo sobre su principal costo, el laboral.
Durante el año de conflicto que Epec y El Panal llevan con Luz y Fuerza la compañía ha logrado reducir ostensiblemente los costos laborales. Esto, explican, resulta clave ya que el precio de la energía que la empresa compra en el Mercado Eléctrico Interconectado se ha multiplicado casi 11 veces desde que Mauricio Macri llegó a la Casa Rosada. Por lo tanto, mientras una mayor parte de estos gastos sean absorbidos por una reducción en los costos laborales, menor proporción deberá ser asimilada por la tarifa que pagan los usuarios.
En este tenor Epec ha disminuido drásticamente la asignación de horas extra y una ley de la Unicameral recortó el beneficio que el convenio colectivo otorgaba a los empleados de Epec, a los que la energía les resultaba prácticamente gratuita. Además, una resolución del directorio de la compañía endureció los controles para la autorización de carpetas médicas psiquiátricas y “corrimientos”, mecanismo por el cual cada empleado de una repartición determinada aumentaba de categoría en el escalafón –a los efectos salariales- cuando un superior salía de licencia.
Todos estos controles, debe esperarse, se volverán más rigurosos ante la imposibilidad de la empresa de financiarse con aumentos tarifarios. Y esto, desde luego, redundará en mayor tensión en el conflicto entre la compañía estatal y el sindicato de Luz y Fuerza.
Ahora bien, a este cóctel debe agregarse una consideración de naturaleza netamente política. Si Schiaretti ha decidido redoblar su apuesta y endurecer su posición frente al sindicato liderado por Gabriel Suárez en plena campaña electoral cuando -se supone- el oficialismo se encuentra más débil o, al menos, más susceptible frente a cualquier reclamo o protesta, ¿qué debe esperarse para después del 12-M?
Si las mediciones ya eran favorables para el peronismo antes de la fractura de Cambiemos en Córdoba, cualquier encuesta muestra por estos días una supremacía más que clara de Hacemos por Córdoba frente a la oferta fraccionada de la principal oposición.
Nadie desconoce, por otro lado, que las transformaciones que Epec viene impulsando no encuentran otra explicación que el apoyo político y compromiso directo del mandatario provincial. Es de esperarse, entonces, que si el oficialismo sale fortalecido del próximo test electoral, esto también fortalecerá -al menos, por conexidad- al directorio de Epec en su tenía con Luz y Fuerza.
Si las encuestas no son escandalosamente erróneas, puede augurarse un futuro complicado para la posición de Suárez y sus representados, con una Epec obligada a ajustar y un Centro Cívico fortalecido tras su paso por las urnas.